domingo, 14 de enero de 2018

Barbara


Hasta el 28 de enero hay en París otra exposición de esas que te invitan a viajar hasta ahí. Es la de la cantante Bárbara, en la Filarmónica, en el parque de La Villette. Llegando al ostentoso edificio desde la boca del metro un letrero luminoso te va ampliando la excitación, que va haciéndose mayor en la cola para comprar entradas (como siempre en París carísimas), dejando peso en el vestuario, llegando y sorteando, por fin, la entrada.
¿Qué sensación deja la exposición tras la visita? Para un servidor buena, pero con la impresión que, dada la superficie ocupada (enorme), podría haber estado mucho mejor. Me explico: los lugares donde va exhibiéndose todo el material, visual y sonoro, van a más, hasta que al final estallan en un enorme espacio, como si de una plaza con escenario en la que una Bàrbara ya en la cima de su popularidad, al final de su vida, diera un recital.
Eso supone todo un largo principio -para mí el más interesante, el que más revela- dedicado a su infancia, juventud y sus primeros movimientos en el mundo de la canción, que deben verse con un cierto agobio, esperando que el anterior visitante deje de mirar la fotografía o la carátula de disco, o bien suelte el auricular en que se puede gozar de una audición y sin apenas espacio para pasarlos para ver entre tanto otra pieza. En vez de tanto espacio dado a la Bárbara ya mito viviente, por mucho que conceptualmente tenga sentido, yo habría cedido más a sus inicios y a lo que son, sin duda, sus mejores canciones, cambiando los minúsculos recorridos con imágenes y sones por salas más espaciosas, en las que esos localizados paraguas sonoros para un grupo de personas sustituyeran al solitario auricular que sólo puede satisfacer a un único visitante.
Dicho eso, parcelo la entrada, para dosificar lo ofrecido a los verdaderos amantes de Bárbara, que otros ya hará tiempo que habrán pasado de largo todo este rollo. Hoy cuelgo alguna foto de lo expuesto sobre Monique Serf, la niña y joven desgarbada que se convertiría en la famosa cantante. Una chica de barriada, excursiones con amiga y un pasado familiar nada reconfortante.

La foto con la que Bárbara te da la bienvenida a la exposición.

A la derecha con su padre, inopinado protagonista de experiencias que tendrán peso en la cantante durante toda su vida, aunque no muy claramente explicadas en la exposición.




 

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