Además de ese busto de "Fátima" tan fino que medio mostré ayer, en la Galería Malborough de Barcelona exhiben dos cosas más de Antonio López. Voy a ellas, aunque sorprendentemente para mí la pobre Fátima no agradara a gente que se pasó por aquí, incluida una pintora con una obra radiante, llena de sensibilidad y magia. Voy a achacarlo a todo el detalle que queda oculto en las fotografías de una pieza de este estilo...
Una es un dibujo del membrillero que se hizo tan famoso por el documental de Érice, "El sol del membrillo", del que yo diría que, haciendo escuela, surgió todo ese prolífico panorama actual existente por aquí. Imposible sacar de él una fotografía decente, no obstante, por el vidrio que lo cubre.
La otra es el primerizo y famoso lavabo, de cuando hacía cuadros por Tomelloso. Le he hecho una primera fotografía como quien saca automáticamente un retrato de alguien sobradamente conocido, pero esta vez he hecho algo más que apreciar su aspecto general, con su gama de grises, y entonces ha sido cuando me he dado cuenta de los misterios que envuelven al cuadro.
En primer lugar nos hemos acercado para apreciar los detalles de los objetos del estante, de los que señalaba yo que eran del valor de los de las miniaturas de aquel cuadro de Fortuny, "La vicaría". Justo en ese momento nos hemos preguntado por cómo era que no salía el reflejo del pintor en el espejo. Yo he empezado diciendo que era porque estaba pintado desde donde me encontraba, enfrente del lado izquierdo del cuadro. Pero mi desplazamiento hacia el centro y luego a su lado derecho me ha dejado ver que es un cuadro con uno de esos "trompe l'œil", como uno con esos ojos que te miran estés donde estés contemplando el cuadro.
Nos hemos fijado entonces en la parte inferior del cuadro, como un picado hacia la parte inferior de esa especie de repisa, incoherente por completo con respecto a la parte superior, viendo claramente que todo el conjunto dista un montón de ese realismo máximo que parece representar.



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