sábado, 7 de abril de 2018

Juan Genovés.

Para acabar con lo expuesto en la Galería Malborough de Barcelona (hasta el 12 de mayo), decir que lo de Antonio López no es su apuesta principal, pues ésta corresponde a Juan Genovés.
Es curioso ver cómo en sus esculturas metálicas pueden verse aún reflejos de sus figuras corriendo, manifestantes en eclosión, como en sus famosos cuadros de final del franquismo, mientras que en sus telas recientes siguen habiendo multitudes, cada individuo representado por una minúscula figura, creada por un notorio volumen de pintura ahí pegado saliendo de su tubo, pero con un resultado y supongo que intención bien diferente. Lo que parece presidir los cuadros es su colorido. A mí, personalmente, me puede agradar el juego de uno que parece evocar un grupo en el África rural subsahariana, esas manchitas de colores repartidas en círculos por la superficie de la tela de todos, pero añoro la fuerza inmensa que tenían los cuadros con los que se dio a conocer.





 

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