miércoles, 15 de agosto de 2018

Realismo socialista

Justo después de la caída del muro, del abandono del régimen comunista en los países del este europeo, todo el mundo de esas latitudes (debiera, quizás, para ser preciso, decir longitudes) estaba deseoso de olvidar, pasar a otra cosa (no diré aquí a donde fueron a parar...). Ese comportamiento tenía sus inconvenientes para visitantes como un servidor, deseosos de ver la huella, sentir aún todas esas piezas icónicas que, de una forma u otra, nos habían llegado de toda esa época, impresionándonos a base de bien.
La retirada de grandes y solemnes estatuas estuvo a la orden del día. En Budapest las tuvimos que ir a ver (al menos las habían indultado, quizás porque estaban centradas en aspectos como la guerra civil española) a 16 Km de la ciudad. En Albania, esos monumentos tan dinámicos, que nunca olvidaban una potente estrella roja, se debían vislumbrar, completamente oxidados o ruinosos, entre la maleza. En San Petersburgo o en Moscú, las salas de los museos que habían albergado cuadros del realismo socialista eran desmanteladas o permanecían cerradas a cal y canto, y debían volver como si muchas décadas de la historia de la pintura soviética y de la historia tout court no hubieran existido.
Por suerte las cosas van cambiando. Han comprendido que, analizadas como deben, todas esas obras hablan de un trozo de su historia que no puede eludirse. En junio vimos en Leipzig una exposición temporal sobre diseño de la DDR y en Dresde, en el Albertinum, una muy completa dedicada al realismo socialista, que dejaba ver los pequeños avances que la sociedad iba logrando frente a un pensamiento gubernativo de lo más carca.
Apunté los nombres de varios de estos pintores que me parecieron muy interesantes, pero me costaría ahora cruzar sus nombres con sus obras.







 

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