Es muy evidente, pero supongo que es este juego de contrastes entre la dureza de la piedra y la delicadeza (seguramente la suavidad, sí dejaran acariciarla, como piden los sentidos) de la pieza acabada la que provoca la atracción de esculturas como éstas. Las de las fotos corresponden a un par de obras de Rodin que pueden verse en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires. Di un rodeo para ver el acabado de una de ellas por el otro lado.
lunes, 25 de marzo de 2019
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