miércoles, 3 de abril de 2019

Berenice Abbott


Después de haber visto hará un mes en la Filmoteca el magnífico documental sobre Berenice Abbott, que te da a conocer muy bien las marcadas etapas de sus fotografías, la exposición de la Mapfre en la Casa Garriga Nogués (hasta el 29 de mayo: luego pasará a la sede madrileña) ya no me ha impresionado lo que pensaba.
Te presenta, claro, obras espléndidas (para mí alguno de sus famosos retratos, escogidas fotografías de Nueva York como la de Wall Street -con sus detalles de gente de la época paseando por la calle- o la vista nocturna de la ciudad, pero sobre todo la colección de sus abigarrados comercios de los años 30) pero, dicho esto, hasta le pondría alguna objeción a su planteamiento. Me parece que hubiera preferido una mayor selección de, por ejemplo, sus series de grandes edificios neoyorquinos. Ahora, el ver tantos parecidos, sólo el edificio, sin vida, uno al lado del otro, su repetición me cansó un poco y me dio ocasión a pensar esas cosas sobre lo difícil que es sacar de forma limpia, sin ese antinatural gesto torcido hacia arriba, que los presenta deformados, a los rascacielos.
Aventuro esta crítica para sembrar polémica sobre una exposición que debe verse. Pero algo debe haber de lo que digo cuando no es esa serie ni ninguno de sus elementos los escogidos para dar a conocer o destacar de entre la colección. Las obras que suelen ponerse con este objetivo son las de la Penn Station, vistas genéricas de NY, algún retrato o las de comercios como esa ferretería que, colocada como vinilo envolviendo las paredes del ascensor de la galería, debe ser ahora mismo una de las más fotografiadas.


¿Por qué te atrae esta fotografía de Wall Street? Yo lo tengo clarísimo: Por la vida que le insuflan esos paseantes...


Ésta no está entre mis preferidas, pero la cuelgo aquí porque seguro debió ser una de las primeras de la colección de Farinera Borda.

La foto utilizada para forrar el ascensor.

 

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