Aspecto de la primera sala, con alguno de los muros pantalla.
Una de las porterías de campos de fútbol.
La doble pantalla de uno de los campos de batalla. Ahora no recuerdo de cuál, aunque estaba escrito a la izquierda.
Uno de los entornos de esos periódicos descubrimientos donde se dice que ha aparecido un vestigio del más antiguo antepasado. En este caso una mandíbula…
De Prontuario. Notas en torno a la guerra y la revolución.
Más.
La disposición de las proyecciones.
Y Marta Dahó dando sus explicaciones previas, en la planta de acceso.
Acababa de asistir aquí mismo a una apasionada discusión sobre, entre otros temas, si la obra de arte se ha de contemplar tal cual, por sí misma, o si es bueno dotarse de alguna ayuda adicional para ello, cuando he ido a ver la exposición de “Bleda y Rosa” (KBr, hasta el 4 de septiembre) en una visita guiada por su comisaría, Marta Dahó.
Para los que ya conocen la obra de esta pareja de fotógrafos, que hasta han ganado el Premio Nacional de Fotografía, resultará ridículo que lo diga alguien como yo, que nunca había reparado conscientemente en su trayectoria, pero voy allá: me ha parecido (su obra y el reflejo que de ella da la exposición), de lo más potente.
Otra cosa a decir es que no sé si mi impresión habría sido la misma sin haber dispuesto de la ayuda de Marta Dahó. Sin ella, habría entrado en la sala, curioseado un poco lo que aparecía en una u otra pantalla mural y, si la casualidad hubiera hecho, por lo que fuera, que esa imagen no me hubiera llegado, quien sabe si habría pasado de largo, diciendo eso de “no está mal”, pero sin entrar más allá de su superficie.
Ella nos hizo ayer una introducción que situaba muy bien las características principales de la obra de estos artistas y luego, ya en la sala de exposiciones, nos ayudó, tras una primera explicación sobre la idea subyacente de cada serie expuesta, a buscar líneas y puntos característicos que se repiten entre ellas, contrastes, forma de utilización de títulos o incluso textos.
KBr encargó a Dahó una retrospectiva de estos dos fotógrafos, como las que suelen presentar. Se ve que entre los tres seleccionaron unas 250 obras, todas ellas de tamaño singular. Fue entonces cuando surgió la idea de, en vez de una exposición de fotos en papel normal, ofrecer una exposición a base de proyecciones. Son nueve las series de proyecciones presentadas, de diferente -pero casi siempre bastante corto- ciclo. Van desde las más sencillas iniciales hasta la complejidad cierta de las últimas, en las que al juego de las diferentes fotos/pantallas entre sí se suma la de textos a leer o bien a oír.
Nos explicó que la serie inicial que los dio a conocer fue la de Campos de Fútbol, en las que vemos siempre una portería en un terreno que dista mucho de los que se suelen ver ahora por cualquier pueblo que se precie.
Esa idea que te formas sobre lo que pudo haber sido, sobre el paso del tiempo, los vestigios, está también en la siguiente serie, que recoge campos de batallas famosas. Es una serie que siguen nutriendo, hasta llegar a nuestros días. En la exposición la muestran con una doble pantalla (bueno: las fotos de origen también eran así) que ofrecen en conjunto una visión panorámica de lo que en su día fue campo de batalla, pero separadas las dos partes -que presentan continuidad- por una franja de un palmo o dos vertical.
La serie de campos de fútbol mostraba una única portería, la de un único campo. Ésta -en uno de esos diálogos que nos hizo ver Marta Dahó que se dan entre las diferentes series-, muestra los dos…
Y así sigue la exposición, con detalles marginales de notorias ruinas de la antigüedad, con la exploración viajera del entorno en el que se va descubriendo al más antiguo ancestro de la humanidad, con reflejos de sitios con peso en la historia y los textos que la aclaran,… Pero más vale ir a verla antes de que finalice su periodo de exhibición…








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