Teníamos previsto acudir a la Galería Esther Monturiol para ver la exposición de Artigau, que se acaba en una semana, pero un reincidente cartelito en su puerta anunciando que, excepcionalmente, la mañana escogida la galería estaba cerrada, nos ha dejado, además de sin Artigau, con cara de tontos.
Victòria Combalía habla a menudo de María Girona. Entiendo que en esta exposición, que ha comisariado conjuntamente con Àlex Susanna, ha hecho otro tanto, si bien de otra manera.
Sin apenas textos, la sala exhibe mucho cuadro -completando gran retrospectiva-, repartidos por capítulos encabezados por una expresión que establece cada uno de los trazos que van componiendo un esbozo total de su obra. También hay una vitrina llena de documentos y una pared con fotografías que hablan de una cierta filiación: la de los alumnos de Eina con María Girona y Rafols Casamada.
Quien dude si ir, que vaya sin miedo: no dejará de encontrarse varios de los fruteros tan característicos de la pintora.






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