He ido aplazando la cita y a punto he estado de quedarme sin ver la exposición que el Museo Picasso, con comisariado de Emmanuel Guigon y Victoria Combalía, dedican a Carmen Calvo, porque cerrará sus puertas este domingo 3 de septiembre. Habría sido una verdadera lástima, porque en mi opinión es de lo más sorprendente y atractivo que se puede ver en Barcelona.
Una de las primeras salas reúne piezas suyas bajo el genérico de “Acumulaciones”. Unas estanterías (foto 3) sostienen cantidad de yesos de variadas formas que asociarías mucho más a un maquetista de piezas para arquitecto que a las cosas de Carmen Calvo. Una puerta antigua (foto 4) tiene, en vez de tachuelas, cantidad de ojos como los que también coloca por paredes Frederic Amat, pero mucho más pequeños. Otros cuadros de la sala (foto 5) ofrecen más ejemplos de lo que lleva a acumular esta mujer, supongo que para poderlo utilizar en alguna obra que se le vaya ocurriendo. En algún caso (como en el de la foto 6) el visitante de la exposición puede empezar a vislumbrar las intenciones de la artista con la forma de mezclar y resaltar las piezas.
He visto poca gente que se siente a ver el (por lo demás muy corto) audiovisual “No es un sueño. Está pasando de verdad” (foto 7), compuesto de diferentes capturas de pantalla de películas bastante famosas, y es una pena, porque a mi modo de ver ofrece un conjunto de fantasmagorías a las que se les puede sacar punta. Un panel (como todos claramente escrito y muy orientativo) nos explica que las fue sacando Carmen Calvo durante el confinamiento.
La sala siguiente tiene toda una de sus paredes repleta de una buena colección de postales manipuladas (foto ocho). Si te acercas a ver cada una de ellas (foto 9), puedes observar auténticas obras en miniatura, muy características, de la artista.
Hablando de fantasmagorías, la gran sala que sigue, al otro lado del pasillo, contiene (foto 10) fotografías antiguas de niños -colegiales, de celebraciones de primera comunión, etc.- con la cara tapada de una u otra manera, ofreciendo unas sensaciones bastante opresivas, invadiéndote cierta tristeza.
En la última sala, una serie de dibujos con muñecos y cosas infantiles, pero presentadas de forma muy dramática, cuelgan de las paredes (foto 11). Acompañan una obra la contemplación de la cual la convierte en algo perverso. Has de verla a través de pequeñas mirillas (foto 12), que dan una visión parcial de las muñecas -no silentes: profieren algún angustioso grito- que rellenan el interior de una gran caja que casi ocupa toda la sala (foto 13).
Por cierto que, mientras miraba los dibujos de esta sala, se ha oído un buen ruido y unas voces asustadas en la sala previa. El niño que se ve en primer término, despistado, había tropezado con una de las esculturas que Carmen Calvo ha compuesto a base de piernas de maniquíes. Por suerte no era un Picasso y, después del susto, la cosa se ha saldado con sólo unas risas nerviosas.
Como el horario del museo es muy amplio, a ver si alguien aprovecha estos dos días y medio que aún se puede ver, que vale la pena. Yo he ido esta mañana de viernes y no he tenido que hacer cola alguna. Supongo que esta tarde será igual. Quizás mañana sábado y pasado domingo supongo que será algo peor, pero vale el esfuerzo.













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